viernes, febrero 20, 2026
Venezuela , estado Carabobo

SEÑAL EN VIVO

SEÑAL EN VIVO

Las 5 más leidas

Artículos Relacionados

Municipio Andrés Eloy Blanco, estado Lara: Patrimonio Cultural de Venezuela

Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Andrés Eloy Blanco, estado Lara y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

Municipio Andrés Eloy Blanco, capital Sanare, está dividido en tres parroquias: Quebrada Honda de Guache, Pío Tamayo y Yacambú. El turismo tiene gran potencial por su clima y sus valores culturales, además destaca la producción de ganado de carne y leche. Sanare donde la neblina guarda los secretos del tiempo, no nació de un decreto, sino de un susurro entre las montañas del Dinta. Fue por allá en 1585, cuando el eco de la evangelización comenzó a caminar los senderos de los indomables Gayones. Aunque los historiadores se batan a duelo por un nombre o una fecha exacta cerca de 1620, lo cierto es que este pueblo no lo fundó un hombre solo; lo fundó el abrazo del viento y la fe de quienes decidieron que este páramo sería su hogar.

Sanare, hija de El Tocuyo en sus primeros años,  aprendió pronto que su destino olía a café recién molido. Ese grano, que es el oro oscuro de nuestras laderas, convirtió a estas tierras en el corazón latente de la montaña. Aquí, la economía no son números en un libro; es el callo en la mano del campesino que siembra la papa, es el verdor infinito de las hortalizas desafiando el frío y el mugido del ganado que despierta a la aurora entre la bruma. Pero Sanare es un espíritu que danza, no se puede entender este rincón de Lara sin el color de sus fiestas, es la devoción tibia de la Paradura del Niño, el estallido de los Carnavales y el silencio sagrado de la Semana Santa. Quienes visitan esta tierra, no solo pisan; se sumerge en el misterio geológico de la Hundición de Yay, respira el oxígeno puro del Parque Nacional Yacambú y se pierde «para encontrarse» en una Ruta del Café que sabe a tradición y a bienvenida.

Sanare guarda un secreto que respira: La Fumarola. No es solo un punto en el mapa del Parque Nacional Yacambú; es el corazón caliente de la tierra, una herida de fuego que nos recuerda que bajo el frío del páramo late una fuerza indomable. Llegar a ella es un acto de fe y resistencia. El camino, que nace entre las montañas de Palo Verde y Bojó, nos obliga a caminar durante cuatro horas por senderos que la naturaleza misma ha dibujado. Es un ascenso donde el cuerpo se cansa pero el alma se ensancha. Quienes conocen estas cumbres recuerdan con respeto aquellas explosiones que, tras las lluvias, hacían retumbar el silencio del valle, como si la montaña quisiera hablar. Hoy, aunque más serena, la Fumarola sigue exhalando sus vapores y gases sulfurosos, un recordatorio de esos 200° C que hierven en sus entrañas. Es un espectáculo de humo y piedra, un rincón de atención especial donde el hombre se siente pequeño ante la majestuosidad de un gigante que, aunque bajo el resguardo de la ley, solo obedece a las leyes del tiempo y la geología.

Piedras que hablan, sí, es el eco de los milenios, Sanare no solo es historia escrita en papel; es una memoria tallada en piedra que se remonta al principio de los tiempos. En las entrañas de este municipio, la tierra ha custodiado con celo un tesoro ancestral: yacimientos líticos que son el testimonio vivo de manos que, entre los años 12,000 y 5,000 antes de Cristo, ya moldeaban el destino de estas cumbres. No son simples herramientas, esas puntas pedunculadas, esos raspadores y percutores encontrados en las laderas, son el rastro de una estirpe que «al igual que la serie joboide en Falcón» entendió el lenguaje de la roca. En lugares como La Llanada, donde la erosión ha dibujado cárcavas que parecen cicatrices en el rostro de la montaña, el suelo pedregoso y las espinas protegen el lugar donde la piedra se hizo arte y supervivencia.

El municipio Andrés Eloy Blanco, es una geografía de contrastes que sobrecoge, desde la aridez mística de El Muertito hasta la ondulada soledad de Laguna Amarilla, donde el barro arcilloso guarda el secreto de los primeros pobladores. Caminar hoy por estos parajes es desandar en el tiempo; es sentir que bajo nuestros pies late un pasado que se niega a ser olvidado y que nos susurra que somos, ante todo, herederos de una fuerza tan antigua como la misma cordillera. Ser de este municipio es llevar el alma templada por el frío y el corazón encendido por la tradición, en fin, el abrazo de su gente; ese aire que se respira en el Parque Nacional Yacambú, no es solo por su verde infinito, es también por su herencia cultural que late en cada rincón. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Andrés Eloy Blanco, estado Lara!

 

 

También Puedes leer

RAMI

RAMI