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El mapa vivo de nuestra identidad: ¿Cómo nombramos lo que somos?

Cuando hablamos de patrimonio cultural, es muy común que nuestra mente viaje de inmediato hacía imágenes estáticas: casonas coloniales con zaguanes de madera, piezas arqueológicas resguardadas con esmero tras las vitrinas de una sala de exposición, o legajos históricos que resguardan la memoria de la nación en los archivos de la patria. Sin embargo, la realidad de nuestra identidad cultural, es mucho más dinámica, vasta y profundamente humana.

Para proteger, salvaguardar y amar lo que somos, la memoria necesita organizarse, y es aquí donde el rigor técnico y jurídico se convierte en un aliado de la vida. A través del Sistema del Registro del Patrimonio Cultural (RPC-Venezuela), amparado bajo la Providencia Administrativa N° 025/13 del 02-08-2013, publicada en la Gaceta Oficial N° 40.230 del 16-08-2013, el Estado venezolano ha estructurado un mapa taxonómico para inventariar esa inmensa riqueza. Pero lejos de ser un frío catálogo burocrático, estas categorías son los hilos invisibles que sostienen nuestra casa común.

Vale la pena detenernos un instante para entender que este engranaje de protección no es un capricho administrativo. Consagrar la cultura dentro de las categorías del patrimonio es, en su raíz más profunda, un ejercicio indisoluble de Derechos Humanos. Los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA) nos recuerdan que el acceso a la cultura, la memoria y la salvaguardia de nuestras expresiones no es un lujo decorativo ni una contemplación pasiva; es un derecho humano fundamental, una condición innegociable para la dignidad de los pueblos y un deber impostergable con las generaciones que vienen.

Este mapa vivo se despliega en múltiples dimensiones que palpitan en nuestra cotidianidad:

En primer lugar, transitamos por los bienes inmuebles y muebles, que son los testigos tangibles de nuestro andar: las plazas, las iglesias, las esquinas urbanas y los objetos cotidianos que guardan las huellas físicas de nuestra historia. Debajo de ellos, la tierra misma nos habla a través del patrimonio arqueológico y paleontológico, susurros milenarios que revelan los estratos más profundos de nuestro origen.

Pero un país no se compone solo de piedras y objetos. El alma de nuestra venezolanidad late con fuerza en el patrimonio inmaterial, en la oralidad de los abuelos, en los cantos de trabajo y en los sabores tradicionales que perfuman nuestros hogares. Y es aquí donde adquiere un brillo especial la figura insustituible del Portador y la Portadora Patrimonial: de saberes, conocimientos y técnicas, guardianes silenciosos y sabios, de memoria viva, que sostienen sobre sus hombros la tradición y la transmiten de generación en generación.

Asimismo, nuestra geografía abraza al Patrimonio Natural con Significación Cultural, recordándonos que en Venezuela la naturaleza nunca es un simple paisaje desvinculado del hombre. Cada montaña sagrada, la inmensidad del mar, cada río cargado de leyendas, la riqueza de nuestra flora y fauna, y cada árbol centenario bajo cuya sombra se han tejido mitos son también un monumento vivo donde la geografía y la cultura se funden en un solo abrazo. A esto se suman la riqueza incalculable del Patrimonio Cultural de Pueblos y Comunidades Indígenas, que resguarda la cosmovisión originaria de nuestros pueblos, y el registro del Patrimonio Cultural Audiovisual, testigo contemporáneo de nuestra imagen y sonido en movimiento.

Nombrar estas categorías es, en definitiva, reconocernos en el espejo de nuestra propia diversidad. Lejos de ser etiquetas rígidas, son las coordenadas de un mapa afectivo e institucional que nos convoca a defender lo nuestro.

Abramos de par en par las puertas de esta casa común. Miremos con ojos de asombro y respeto cada categoría que nos define, porque en cada rincón patrimonial de Venezuela late un espejo claro de lo que somos y una brújula certera hacia lo que podemos ser.

¡El viaje apenas comienza, porque no se puede amar ni defender lo que no se conoce!

Desde la pluma, el micrófono, los ecosistemas digitales y las redes sociales, y bajo la mirada de los Derechos Humanos DESCA, la memoria histórica y la educación patrimonial, les acompañaré en este recorrido por el patrimonio turístico, natural, cultural y patrimonial de Venezuela y sus elementos y sitios declarados Bien de Interés Cultural por el IPC (publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22 de julio de 2005; una tarea que ejerzo con la responsabilidad de mi rol como productora de medios y Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14 de mayo de 2025).

¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos, sitios y memoria histórica declarados bien de interés cultural por el IPC!

Redacción: Danfny Velásquez

Foto: Agencia

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