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Opinión Danfny Velásquez: Testigos de la historia: El eco profundo bajo nuestros pies Nuestro patrimonio Arqueológico y Paleontológico

Escrito por: Danfny Velásquez

Nuestra columna nos convoca a conocer, a descorrer los velos que cubren el tiempo y a volver la mirada hacia los cimientos invisibles que sostienen nuestra identidad. Es una invitación a descender, con el alma atenta, hacia los estratos donde la historia no se escribe con tinta, sino con el lenguaje silencioso de las eras. Es un viaje donde la tierra se hace palabra y el pasado, un faro necesario para comprender el presente. Acompáñenme a reencontrarnos con los vestigios de un tiempo remoto que, aunque oculto, late con fuerza bajo nuestros pies.

Si el patrimonio inmueble es el escenario que nos cobija y el mueble son los hilos secretos que podemos palpar, existe una dimensión aún más profunda: aquella donde la tierra misma se convierte en archivo. Hablo de los tesoros ocultos en el estrato del tiempo: el patrimonio arqueológico y el paleontológico, las voces primigenias de nuestra identidad.

El patrimonio arqueológico es, ante todo, el testimonio material de quienes caminaron esta tierra antes que nosotros. No es solo un objeto roto o un muro olvidado; es el eco de las manos que moldearon la arcilla, de las sociedades que trazaron geoglifos bajo el sol inclemente o de las familias que dejaron en sus concheros el rastro de su sustento diario. Es una lectura hermenéutica que debemos descifrar con respeto; desde la maestría de un petroglifo grabado en la piedra eterna hasta la sutil belleza de una pieza de cerámica que, tras siglos de silencio, vuelve a contarnos quiénes fuimos. Aquí, cada hallazgo, ya sea lítico, óseo o metálico es una página abierta de nuestra prehistoria que nos recuerda nuestra capacidad de habitar y transformar el entorno.

Por su parte, el patrimonio paleontológico nos obliga a elevar la mirada hacia una escala de tiempo que desborda la existencia humana. Es el registro fósil, la huella de la vida que floreció hace eones y que hoy duerme en la geología de nuestro territorio. Un yacimiento paleontológico no es solo un depósito de huesos o restos vegetales; es un portal a mundos remotos, una prueba irrefutable de la evolución que nos permite comprender el clima, la fauna y el paisaje de una Venezuela prehistórica. Ya sea en la inmensidad de un pozo de asfalto o en la fragilidad de un ejemplar fósil custodiado, este patrimonio es el cimiento natural sobre el cual se edifica toda nuestra historia posterior.

Ambas categorías, aunque distintas en su origen, comparten un destino común: la vulnerabilidad. Requieren de nuestra vigilancia ciudadana y de un compromiso ético innegociable. No buscamos poseer estos vestigios, sino salvaguardarlos para que las generaciones venideras puedan leer, en la piedra y en el sedimento, el relato de una tierra que tiene alma y memoria.

Como investigadora y Portadora Patrimonial, mi llamado es a la consciencia: cada vez que descubrimos un rastro del pasado, no solo estamos frente a un bien cultural, sino ante el fiel reflejo de nuestra propia existencia.

Nombrar estas categorías es, en definitiva, reconocernos en el espejo de nuestra propia diversidad. Lejos de ser etiquetas rígidas, son las coordenadas de un mapa afectivo e institucional que nos convoca a defender lo nuestro. Abramos de par en par las puertas de esta casa común. Miremos con ojos de asombro y respeto cada categoría que nos define, porque en cada rincón patrimonial de Venezuela existe un espejo claro de lo que somos y una brújula certera hacia lo que podemos ser.

¡El viaje apenas comienza, porque no se puede amar ni defender lo que no se conoce!

Desde la pluma, el micrófono, los ecosistemas digitales y las redes sociales, y bajo la mirada de los Derechos Humanos DESCA, la memoria histórica y la educación patrimonial, los acompañaré en este recorrido por el patrimonio turístico, natural, cultural y patrimonial de Venezuela y sus elementos y sitios declarados Bien de Interés Cultural por el IPC (publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22 de julio de 2005.

Sin embargo, según la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural, todos los bienes del patrimonio arqueológico y paleontológico deben registrarse. (Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural, Gaceta Oficial N° 4.623 Extraordinario, del 3 de octubre de 1993. Artículo 6°, numeral 13 y Providencia Administrativa N° 029/12, Gaceta Oficial N° 40.028 del 15 de octubre de 2012); una tarea que ejerzo con la responsabilidad de mi rol como productora de medios y Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14 de mayo de 2025).

¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos estos vestigios que nos hablan desde el fondo de los tiempos!

 

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