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Opinión Danfny Velásquez: UNESCO: NUESTRA HERENCIA INQUEBRANTABLE: LA MEMORIA VIVA Y EL COMPROMISO DE PRESERVAR Y SALVAGUARDAR

Por la Dra. Danfny Velásquez

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) impulsa iniciativas internacionales destinadas a proteger el patrimonio, promover la educación, fortalecer la cooperación científica y fomentar el diálogo entre las culturas. Para comprender el alcance de esta labor, es necesario examinar no solo sus listas y registros, sino también el sustrato vivo que da sentido a dichos reconocimientos. El patrimonio cultural de Venezuela no es solamente el conjunto de edificaciones antiguas, monumentos, objetos históricos o manifestaciones tradicionales que forman parte de nuestra geografía; es, fundamentalmente, la memoria viva de una sociedad, el testimonio de sus experiencias colectivas y la expresión de los conocimientos, saberes, prácticas, creaciones y formas de vida que han contribuido a configurar nuestra identidad como nación.

Desde la espada del Libertador Simón Bolívar, el Acta de la Independencia y el Archivo del Generalísimo Francisco de Miranda, hasta el joropo tradicional venezolano, los Diablos Danzantes del Corpus Christi, el Tamunangue y las diversas expresiones musicales y gastronómicas del país, Venezuela posee una extraordinaria riqueza patrimonial que refleja la diversidad de sus procesos históricos y culturales. Esta riqueza también se manifiesta en sus espacios arquitectónicos, arqueológicos y urbanos —como la Ciudad Universitaria de Caracas, Santa Ana de Coro y su puerto de La Vela, el Campo de Carabobo, el Teatro Municipal de Valencia y numerosos centros históricos—, constituyendo referencias materiales de nuestra trayectoria colectiva. Sin embargo, el patrimonio no se agota en aquello que podemos observar o visitar: también comprende los conocimientos transmitidos entre generaciones, las tradiciones comunitarias, los oficios, las expresiones artísticas y las prácticas culturales que mantienen viva la memoria de los pueblos.

En este contexto, resulta necesario reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿de qué sirve reconocer la riqueza patrimonial de Venezuela si no desarrollamos las capacidades sociales e institucionales para conocerla, protegerla, transmitirla y apropiarnos de ella? La preservación del patrimonio cultural no puede reducirse a declaratorias, inventarios o procedimientos administrativos. Aunque estos instrumentos son indispensables para su identificación y protección, también se requiere una gestión cultural comprometida con las comunidades, la educación patrimonial, la investigación, la participación ciudadana y la generación de oportunidades para que las nuevas generaciones reconozcan el valor de su herencia cultural.

El desafío consiste en comprender que el patrimonio no pertenece exclusivamente a las instituciones encargadas de su protección, sino que es una construcción colectiva cuya permanencia depende del compromiso de los ciudadanos, organizaciones culturales, investigadores, educadores y de quienes contribuyen a mantener vivas las expresiones culturales. Por ello, Venezuela necesita fortalecer una cultura de valoración patrimonial que supere la contemplación pasiva, promoviendo experiencias de aprendizaje, encuentros intergeneracionales, proyectos comunitarios y estrategias de difusión que permitan relacionar el patrimonio con la vida cotidiana, la memoria, el territorio y el desarrollo cultural.

Preservar el patrimonio es, en definitiva, preservar nuestra capacidad de reconocernos como sociedad, pues cada manifestación que desaparece, cada espacio que se deteriora y cada conocimiento que deja de transmitirse representan una pérdida irreparable para la memoria colectiva. La verdadera riqueza patrimonial de Venezuela no reside únicamente en la cantidad de bienes registrados, sino en la capacidad de su sociedad para reconocerlos, valorarlos, protegerlos y convertirlos en referentes vivos de identidad. El patrimonio cultural no es solamente lo que heredamos del pasado; es también la responsabilidad que asumimos en el presente para garantizar que las generaciones futuras tengan una memoria que conocer, valorar y compartir.

Documentar para preservar. Comunicar para salvaguardar. ¡El viaje apenas comienza, porque no se puede amar ni defender lo que no se conoce!

Desde la pluma, el micrófono, los ecosistemas digitales y las redes sociales, y bajo la mirada de los Derechos Humanos DESCA (Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales), la memoria histórica y la educación patrimonial, los acompañaré en este recorrido para valorar nuestra identidad, en consonancia con los elementos y sitios declarados Bien de Interés Cultural por el IPC (publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22 de julio de 2005, redefinida mediante Providencia Administrativa N° 025/13 del 02-08-2013, Gaceta Oficial N° 40.230), el Patrimonio Cultural de Los Pueblos y Comunidades Indígenas (G.O. N° 39.115 del 06/12/2009), y en el marco de la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural (Gaceta Oficial N° 4.623 Extraordinario, del 3 de octubre de 1993); una tarea que ejerzo con la responsabilidad de mi rol como productora de medios y Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14 de mayo de 2025).

¡Preservemos y salvaguardemos la memoria que nos identifica como nación!

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