La mañana de este miércoles, el avión en el que viajaba Flávio Bolsonaro aterrizó en Miami. El senador brasileño llegó a las 9:20 am al aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, al norte de Miami, tras huir de Brasil menos de dos días después de perder las elecciones frente a Luiz Inácio Lula da Silva.
Bolsonaro llegó a Florida después de prometer que se quedaría en Brasil para liderar la oposición a Lula. Por el camino incumplió una orden del Supremo brasileño que le obligaba a entregar sus pasaportes. La Administración de Donald Trump confirmó el martes que emitiría visados para él, su mujer y sus dos hijas.
El martes fue una jornada de versiones confusas e interesadas en la que nadie sabía dónde estaba. Por la mañana, Migraciones de Argentina negó que hubiera entrado en el país, y era cierto: todavía no lo había hecho. Bolsonaro cruzó la frontera a las 22.50 de ese día, con su mujer y sus dos hijas, por el Puente Internacional Tancredo Neves, que une Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú. Lo confirmó el propio organismo argentino en un comunicado difundido a las dos de la madrugada.
Apenas 40 minutos después del cruce, la familia ya estaba a bordo de un Gulfstream G400 de la empresa Baires Fly, que esperaba en el aeropuerto de Puerto Iguazú desde el lunes. El juez Alexandre de Moraes, considerado el archienemigo del clan Bolsonaro, había ordenado cancelar sus pasaportes brasileños y entregar también el italiano, que obtuvo en 2023. Según el manifiesto del vuelo, Bolsonaro cruzó con el documento europeo, mientras su mujer y sus hijas usaron pasaportes brasileños. El avión despegó pasada la medianoche rumbo a Guayaquil. Allí aterrizó de madrugada, repostó y volvió a despegar media hora después, según el diario El Universo.
Flávio Bolsonaro está investigado en el Supremo por presunto lavado de dinero y evasión de divisas junto a su amigo Willer Tomaz, un abogado con negocios en las casas de apuestas. La Policía Federal sospecha que el senador es su socio oculto. Según Folha de S.Paulo, Bolsonaro llegó a tener acceso como administrador a una cuenta bancaria de una empresa de Tomaz registrada en Madeira, y ambos comparten direcciones, viajes y socios. Los dos niegan cualquier irregularidad.
Las escalas de Bolsonaro no son casualidad. La Argentina de Javier Milei es el gran aliado de la familia Bolsonaro en la región y todavía no ha reconocido la victoria de Lula. “No va a haber comunicado”, zanjó su Gobierno. En julio, en el acto de lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro en São Paulo, Milei llamó a Lula “presidiario” y “ladrón”, y Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires. El Ecuador de Daniel Noboa es, a su vez, uno de los socios más estrechos de Trump —y, en consecuencia, de los Bolsonaro— en la región. Ni la presidencia argentina ni Baires Fly respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Bolsonaro huye de su país después de una derrota que, tanto él como sus seguidores, consideraban improbable. Tras imponerse a Lula en la primera vuelta del 4 de octubre, el presidente se reeligió el domingo con el 51,79% de los votos, frente al 48,21% de Flávio. Fue una remontada inédita en la historia democrática de Brasil.
Flávio no reconoció la derrota, pero unas horas después aseguró que nunca había pensado salir del país y que dirigiría la oposición contra la izquierda. Su mandato en el Senado termina a final de año y, después de 24 años en la política, no ocupará un cargo público. Sin escaño, además, pierde el aforamiento.
Con información de: El País
Foto: Cortesía
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